(Testimonio de una viuda)

“De pronto… sola. El dolor desgarra y uno se pregunta cómo seguir viviendo.

El silencio hiere los oídos, el hogar se convierte en una casa. El llanto, el grito ahogado, la rabia, son tu diaria compañía. No podés definir si sentís pena por el que se fue o por ti misma y, entonces alguien tiende tu mano y comprendés que no sos la única, hay otras mujeres que están pasando por tu misma situación.

Nos reunimos una vez por semana con las licenciadas Silvia Alper y Diana Liberman, dos profesionales que con amor pudieron entrar en el sentir de nuestro dolor y, día a día nos guían para que podamos encontrar el sentido de la felicidad.

Así a través de éste enorme dolor estamos creciendo como mujeres pero sobre todo como seres humanos.

Agradezco a Dios el pertenecer a ésta Comunidad, muchos de sus integrantes me sostuvieron cuando quedé sola y los rabinos… ellos son un capítulo muy especial, sin ellos nada de esto hubiera sido posible.

Hoy que estoy aprendiendo a caminar sola te invito a que te integres a éstos grupos, sé que nuestro amor podrá calmar tu pena, y que vivir te parecerá nuevamente maravilloso, cuando puedas encontrar nada más y nada menos a la persona más importante:

A ti misma.”

Gladys, enero de 1997.

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