Recuerdos Ensamblados

Son cuarenta obras. Las hicieron niños, adolescentes y adultos, hijos que ya no están. Sus padres eligieron esta forma para homenajearlos y mantener viva su memoria.

Por Jorge Repiso

No es una muestra más, jamás podría serlo. Formas, colores y mensajes se ofrecen al público desde el dolor y la resignación de quienes cedieron esas obras. La vida y el arte que pugnan por imponerse a pesar de lo irreversible. Una exposición de pinturas, esculturas y dibujos realizados por chicos y jóvenes que ya no están, cuelga de las paredes del Palais de Glace.

Recuerdos ensamblados, cuando los hijos se van antes, es producto de una iniciativa motorizada por los padres de un niño de nueve años que murió en un accidente. Y un cuadro enorme, pintado por ese chico, recibe a los visitantes en un clima emotivo pero no oprimente, tal como pensaron organizadores y curadoras: es una muestra viva.

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