La vida feliz no es más que una.


Lo que la sitúa en el mejor de los estados no es su magnitud, sino su calidad: así, larga o corta, dilatada o concentrada, distribuida por muchos campos o muchos deberes, o reducida a uno, es siempre igual.

Quien la valore por el número, la medida o las partes, elimina de ella lo que tiene de excelente.

¿Y que es lo excelente de la vida feliz?


El ser plena. El fin del comer y del beber creo que es saciarse. Hay quien come más, hay quien come menos, pero ¿qué importa? Ambos quedan saciados. Hay quien bebe más, hay quien bebe menos, pero ¿qué importa? Ambos han apagado la sed.

Hay quien ha vivido más años, y hay quien ha vivido menos, pero no importa si los muchos años del primero lo hicieron igualmente feliz que los pocos años del segundo.

Aquel que tú llamas menos feliz no lo es, pues la palabra feliz no admite diminutivo.

Quien es fuerte está libre de temor;
quien está libre de temor queda libre de tristeza;
quien está libre de tristeza es feliz.


Lucio Anneo Séneca.

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