El día que la muerte olvidó la guadaña en el diván

La psicoterapeuta Diana Liberman desde su centro para la recuperación emocional de la pérdida Duelum, en el barrio de Belgrano, aconseja y responde interrogantes sobre un tema tan delicado como es atravesar un duelo.

Entrevista a Diana Liberman por el periodista Marcos Huanambal

La seguridad y la claridad de sus palabras se complementan con sus expresiones acogedoras y receptivas. Como respaldo cuenta con 15 años de especialización en el tema y es autora del libro “Es hora de hablar de duelo”. Colaboró desinteresadamente con diversos grupos, entre ellos el de los padres de las víctimas de Cromagnon. Es formadora de terapeutas en el país y coordinadora del Centro Duelum en donde trabaja junto a una colega y una médica psicoterapeuta. No tienen por pacientes a los que no quieren pensar ni emocionarse, ni a los que solo quieren que les pase el dolor, según dice. Tampoco a los terapeutas killer.

“Como trabajamos con terapias breves, cuando pescamos a los que vienen a decirte: vas a ver que no me vas a poder ayudar… les digo: ¡ya me ganaste!; ¡me ganaste hoy!, no te voy a poder ayudar. Mejor tomate tu tiempo. Son los que triunfan al fracasar”, explica.

Liberman mantiene una línea muy particular en la que, a diferencia de otras terapias en las que hay que cortar el vínculo para seguir adelante, ella dice: ¡no! Y es que tiene otra visión del desapego:

Significa que no te podes apegar a las cosas como si fueran objetos tuyos, como una posesión. El amor es otra cosa. “la ausencia está siempre presente”. Nosotros no hablamos de desapegarse del amor. Te tenés que conectar para desconectarte. Y eso es lo paradójico. ¿Si yo quería a esa persona por qué la voy a dejar de querer? ¿Porque no está? Analiza.

Tiene experiencia en todo tipo de duelos incluyendo muertes por violencia, padres que perdieron a sus hijos, pérdidas en las que el vínculo era enfermizo, en las formas más variadas.

Opina que en otras culturas la muerte no es un tema tabú y goza de otro grado de aceptación. En los grupos está la sensación de que la vida es buena y la muerte es mala. En realidad es una construcción, porque nadie volvió para contarlo. Si vos pensás que el que no está, no está mal, te alivia un montón. Si pensás que la muerte es parte del proceso de vivir, y que estar muerto es lo que le toca a cada uno en algún momento. ¡Me dejó a mí. No te dejo a vos, Se murió! Vos tenés, en todo caso, que aceptar una realidad que si bien crees que es nueva, existía, la conocías.

-Pero, ¿cómo aplicar una terapia cuando alguien esta hipnotizado por el dolor y la pérdida?

Cuando vos perdés a alguien, el dolor y la persona que perdiste están pegados. Dejar el dolor es dejar al otro. El primer vínculo que tenés con una persona que querías y no está es el dolor. Al principio lo que quiere la persona es recuperar lo que perdió. No quiere nada más. Por eso fallan tantas terapias que no se especializan en el tema. Eso se tiene que legalizar lo más claro: yo sé que lo que vos querés es a Pepe, pero yo no te lo puedo devolver. Podemos charlar pero vos en este momento lo que querés es eso. Y todo lo que se dice en el acompañamiento tiene que tener el sentido de la oportunidad. Lo que te digo en la sesión 10, no te lo puedo decir en la 1. El trabajo es: “transformar el dolor en amor”.

En realidad la ecuación es amor – dolor – amor. Si vos tenés amor por alguien y lo perdés sentís dolor. Hay gente que se queda en ese lugar. Luego sigue amar en ausencia. Sería: lo amo en presencia, me duele porque no lo tengo y no me conforma nada. Hago el proceso de duelo y la culminación es vuelvo a amarlo “a pesar de” el enojo y de todas la cosas negativas que se atravesaron. Es un proceso que para que madure, trabajándolo, tarda de uno a dos años.

El tiempo en el duelo es neutral. El tiempo pasa. Mientras alguien está llorando su pérdida la vida sigue. Si vos te quedas en una situación de parálisis o negatividad, el dolor en vez de aquietarse, aumenta.

-La mayoría de las personas atraviesan ese proceso solas, como pueden… ¿que opinión tenés al respecto?

Hay mucha gente que no pide ayuda, y las situaciones son muy diversas. Mucha de esa gente que se pone bien, porque tiene recursos y un grupo que la apoya. Hay gente que viene acá y me dice “ay… no sabia qué hacer, entonces prendí una velita y le puse una foto y empecé a hablarle”, y yo les digo: espectacular! Porque eso tiene que ver con un buen vínculo y un buen proceso automático. Hay gente que se suicida que sería lo peor. La situación más complicada de un duelo es que la elaboración termine en la muerte del deudo. Una persona también puede tener un duelo crónico, puede enfermarse porque como no puede canalizar el dolor, entonces lo hace en el cuerpo. Yo no he visto a nadie de los que estuvimos acompañando en un proceso de duelo y que luego se enferme.

-¿Cuándo es mas oportuno encarar una terapia?

Sabemos que cuanto antes le das un buen cause a tus emociones es mejor. Cuando ese dolor es vivido en tiempo y forma, hay toda una red social que sostiene al deudo. Si no queda fuera de tiempo. Porque cuando el deudo ya está “bien”, los demás siguen con su vida y después es muy difícil acompañarlo. Hay gente que dice: no… Hay que esperar, ¿Qué hay que esperar?. Está la persona que es muy omnipotente y dice: yo puedo… y está bien que se lo plantee. Hay que ver cuánto tiempo se lo plantea y si lo que plantea es de verdad; o se adapta a una situación en la que es imposible estar adaptado. El dolor no se esfuma. A algún lado vá, o lo sacás o lo guardás.

-¿Cómo ves el nivel de conocimiento del proceso de duelo es la sociedad?

Pasa que el conocimiento racional de un hecho es totalmente distinto al conocimiento emocional. Yo me enteré que pasó esto pero no lo procesé. Un proceso puede tardar 2 años y el otro tal vez tardó 10 minutos. Por eso cada pérdida y su proceso depende de muchas variables y está muy ligada no sólo al vínculo que había, sino a la personalidad e historia de la persona antes de la pérdidas. Hay gente que supera situaciones súper violentas, se recupera, puede continuar su vida en una forma creativa y hay gente a la que se le cae el vaso de leche y le agarra un ataque.

Otra situación muy interesante es la “resiliencia” que ahora está con mucho desarrollo. Donde se ve que hay por ejemplo chicos que han sido muy carenciados y han tenido una vida con un montón de perdidas; resulta que están mejor capitalizados para aceptar una nueva pérdida que uno que no las ha tenido. No todos son resilientes. Pero la resiliencia dice que con los golpes uno se hace más fuerte. Las situaciones son mejor procesadas.

-¿Qué relación tienen con la espiritualidad y lo creativo como terapéutico?

Yo no trabajo con la gente haciendo reuniones espirituales. Yo tengo un grupo trabajando en duelo con psicoterapia clásica sistémica. Yo no hago psicoanálisis. Pero se cruzan cosas espirituales y hablamos de cosas que la muerte trae como tema. Nosotros tenemos una línea donde si un paciente dice: ya estoy mejor, me drogo, tomo alcohol 2 litros por día y estoy mejor; lo enviamos a un psiquiatra que lo medique. Pero si no todo lo que haga una persona para estar bien, aunque yo no lo haga, bárbaro. Que yo no lo haga no significa que a vos no te sirva. Con el arte pasa que si por ejemplo alguien era un artista plástico y sufre una pérdida, en general – no siempre es así- no puede seguir pintando y la mejoría es cuando puede volver a pintar.

-¿Cuanto más se puede complicar la elaboración a una persona muy estructurada?

Hay personas para las que cualquier cosa que se mueva en un lugar es un caos. Pero hay situaciones de vida que rompen las leyes y son una oportunidad para: uno aceptar la pérdida y otra para hacer un cambio como persona. Porque esas personas tienen 2 opciones: o siguen agarrados a la estructura y no se bajan; o se bajan para ver qué pasa fuera de la estructura. Y cuando se bajan se dan cuenta que la vida fuera de la estructura es más relajada y “compran” eso nuevo. Por eso decimos que la crisis puede ser una oportunidad de crecimiento ya que mucha gente “se hizo mejor persona después de la pérdida”. Es como decir: “si no cambias en ésta, no cambias más”

-Hay gente que dice: bueno lo acepto, pero no podría haber sido un año más, 2 años más…

Eso le pasa a la persona que esta por morir y lo sabe y le pasa a la persona que queda. Eso está porque en el juego de aceptar la pérdida se juega la omnipotencia y la impotencia. La omnipotencia es: yo podría haber hecho todo para que esto no sucediera. Y la impotencia es: me siento mal porque yo no pude hacer nada, si yo no pude salvar la vida de… no puedo nada…se siente culpa. Y lo que hay que trabajar es llegar a la potencia. El: “yo puedo todo o no puedo nada, ¡no! Ni podes todo ni podes nada…unas cosas podes y otras no”. Hay gente que dice: ¿si lo hubiese llevado a otro médico se hubiese curado y les digo: lo que vos decís es incomprobable… no es mejor pensar que hiciste lo máximo que pudiste y que lo máximo no fue suficiente?

-Recuerdo el caso de una amiga que me decía que hubiese preferido que la muerte se lleve al padre aunque la relación era buena, que a la madre, que era la que más quería.

Ese pensamiento es muy cruel pero en general lo tienen los padres que perdieron hijos. Y eso lo percibe el que queda. Acá hay que trabajar la omnipotencia porque obviamente que no puede hacerlo. Pero pensar que podría… “La creencia de que esto es negociable” son momentos donde uno no entiende que hay cosas que no las puede definir uno. Todo lo que da incertidumbre e impotencia hace que la autoestima decaiga totalmente. Esta ligado a pensamientos como: que hice de malo… asociarlo a te portas bien te van a pasar cosas bárbaras. Te portaste mal te pasa algo terrible.

Que la muerte se meta donde quiera y no te pida permiso genera mucho enojo y tristeza. Tristeza y enojo son 2 caras de la misma moneda. ¿Cuándo es el momento para perderlo? ¡Jamás! ¿Si a vos te dijeran cuándo querés perder un ser querido? Y… ¡nunca! O en todo caso lo mas tarde que sea… no es tanto que sucedió cuando uno no lo esperaba… uno no quería que suceda. Y cuando ocurrió uno dice: ¿y por qué ahora? Pero en realidad, lo que uno quería es que no suceda. ¿Y por qué no ahora? preguntaría yo. ¡¿Por qué no ahora?!

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