Cómo pasar las fiestas sin un ser querido

Las fiestas de Navidad y de fin de año son momentos que plantean una reflexión y un balance de lo vivido durante el año que termina.


Festejar, a pesar de todo. Así reza el precepto popular del que se nutren quienes, aún sufriendo por la ausencia de un ser querido, deciden pasar la Navidad o el Año Nuevo obstruyendo el dolor, disimulando, intentando mostrarse frente al mundo como si nada hubiera pasado.

Un brusco cambio en la modalidad del festejo (como un crucero por el Caribe), una borrachera o la tentación de tomar una pastilla para dormir y despertarse cuando las fiestas hayan terminado son algunas de las opciones con las que algunos deciden atravesar los días festivos luego de una pérdida. Sin embargo, a la mayoría le resulta prácticamente imposible hallar paz y tranquilidad en la celebración echando mano de ese tipo de estrategias que, finalmente, sólo consiguen acentuar el sufrimiento.

Es que, aun sin parecerlo, los cambios bruscos o la negación alejan a las personas de una oportunidad más saludable: la de lograr un vínculo diferente con el ser ausente, de recordarlo con afecto y, sobre todo, de sentir y hasta disfrutar de las fiestas en la medida de las propias posibilidades.

“Hay muchos momentos especiales difíciles de transitar cuando se ha perdido físicamente a un ser querido (cumpleaños, aniversarios). Pero las fiestas de fin de año son universales, y por eso la tentación de los mitos festivos (celebrar, a pesar de todo) es más fuerte que en otras ocasiones .Sin embargo, lo importante no es sortear ni evitar el dolor sino anticiparse a él, reconocerlo y -sin pretender que todo sea como antes- encontrar el propio camino de confort para pasar las fiestas.”

Pérdidas irreparables

Una de las particularidades de las fiestas de fin de año es que generan un estrés adicional: “Son fechas que, además de ser universales, se relacionan con temas como reunión, familia y alegría. Sin embargo, la persona que ha sufrido una pérdida física irreparable nunca está imbuida de alegría. Por eso se siente rara, a veces incomprendida, y le resulta difícil insertarse en una reunión que convoca a la familia”.

Los días especiales actualizan los sentimientos relacionados con la pérdida. Existe, inclusive, una aflicción anticipatoria: duelen el alma y el cuerpo, y muchos sufren de insomnio, ansiedad, falta de energía, tristeza o trastornos del apetito.

“En los casos de viudez, por ejemplo, la ausencia física de la pareja en la mesa de fin de año no ha sido elegida. Esto despierta bronca, impotencia y tristeza. Lo que era ya no es más -afirman las especialistas-. En este contexto, pretender que todo sea como antes puede resultar frustrante.”

¿Cómo pasar entonces las fiestas, cuando la persona amada ya no regresará físicamente para compartirlas? La respuesta no es tan universal como los festejos. Primero, porque cada humano es un mundo. Segundo, porque al menos llegar a una respuesta parcial implica sortear un gran escollo: la promoción, por parte de la sociedad occidental, de la negación del sufrimiento en pos del disfrute rápido sustentado en modelos poco reales, como los de las clásicas viudas alegres.

Contra estos conceptos, “resulta indispensable planificar las fiestas de antemano, buscar apoyo, realizar actividades placenteras en los días previos y, sobre todo, no aislarse. Por otra parte, resulta de gran alivio agradecer aquellas cosas que nos dejaron los que ya no están, y también dar las gracias a los que sí pasarán las fiestas con nosotros haciéndonos compañía. Una buena manera es escribir los mensajes”.

Fuera del país

Aunque no precisamente por ausencias irreparables, otro capítulo por tener en cuenta es el de las familias transnacionales o transculturales: en la Argentina de hoy, y en otros lugares del mundo, cada vez más compatriotas pasarán las fiestas alejados de sus seres más cercanos.

“Los que se fueron del país pierden la relación cotidiana con amigos y parientes. Además, se alejan de ciertos rituales y costumbres festivos. En muchos casos, hasta se distancian de su lengua de origen -. Pero a diferencia de las provocadas por la muerte, estas pérdidas no son definitivas ni irrevocables: siempre existe la fantasía de la reunión o del regreso.”

En los que se fueron “hay expectativas de cambio y progreso. Sin embargo, las emociones son contradictorias porque en ellos conviven la alegría y la tristeza; la ausencia de los seres que aman, y la expectativa por nuevas presencias de la gente que habita en el nuevo lugar”.

Se trata, en términos de Pauline Boss, de pérdidas ambiguas.

¿Y la ambigüedad de los que se quedan? “Sienten alegría porque esperan para sus seres amados una vida mejor. Al mismo tiempo, sufren la angustia de no tenerlos en la cotidianidad o en fechas importantes”.

En estos casos, “la relación se fragmenta pero no se obstruye”. Y esto viene a cuento de que muchos padres sienten culpa por no haber podido retener a sus hijos en el país.

“Hay que reformular este concepto -subrayan-. Las fiestas son un momento para reflexionar sobre el tema: en todo caso, si el otro ha podido irse es porque se ha trabajado para que pudiera elegir libremente su camino. Y partir de un país en el que desarrollarse es difícil también implica saber que sus vínculos afectivos son fuertes y no van a cercenarse por la lejanía geográfica.”

Tanto en los casos de pérdida física irreparable como en estos últimos existen rituales y acciones (ver infografía) que pueden ayudar que las fiestas resulten una experiencia de enriquecimiento personal. Este momento del año también resulta propicio para reflexionar sobre lo que uno aprende de la pérdida. Es decir, descubrir lo bueno de lo malo.

Por último, una cuestión de base: pasarla bien no es sinónimo de traicionar a los ausentes. Por el contrario, implica tenerlos presentes y honrarlos con un afectuoso recuerdo.

Consejos para momentos difíciles

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Anticiparse: tener claro que esta vez las fiestas serán diferentes. Anticiparse haciendo una lista: dónde se festejarán y con quiénes. Incluir qué rituales se evitarán, respetarán o eliminarán.

Sentimientos: sea leal a los sentimientos que aparezcan, y comuníqueselos a las personas con las que compartirá las fiestas. Lo más importante es no aislarse.

Conexión: evitar acciones extravagantes pensando que así se olvidará el dolor. Conectarse con el placer, pero con cosas que se tienen a mano (bailar, escuchar música). Si se es religioso, conectarse con la fe. No temer pedir un abrazo o una caricia.

Sin culpa: disfrutar de las fiestas si se puede, pero si no es posible no sentirse culpable por ello.

Tolerancia: ser tolerante con el propio humor, teniendo en cuenta que la ausencia de un ser querido agota emocional, espiritual y físicamente. Eventos: no participar de eventos estresantes.

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